En 1907, después de unos cuantos meses de estudios, Picasso dio a conocer Las Señoritas de Aviñón a sus amigos más próximos. Las reacciones fueron diversas, pero sobre todo destacó la sorpresa frente a una obra de arte que rompía con toda la tradición pictórica anterior. Esta pintura es, a su vez, se quiera o no, una defensa y exposición de las lacras sociales de la época, tergiversando el papel tradicional dado a la pintura clásica y a los pintores. La falta de imitación de la realidad figurativa como tal es, como bien sabemos, algo propio de las vanguardias , al romper con los presupuestos de la pintura clásica.
Es, a su vez, se quiera o no, una defensa y exposición de las lacras sociales de la época, tergiversando el papel tradicional dado a la pintura clásica y a los pintores.
Se anula la organización armónica de las formas femeninas, las curvas y volúmenes de la mujer renacentista. Estos se reemplazan por agudos ángulos, que no buscan ubicarse dentro del ideal clásico de belleza, que a su vez está centrado en el objeto poseedor de la cualidad. Sino que busca y pone su acento fuera del objeto, ubica la atención en el sujeto, que es quien decepciona la obra, es quien la interpreta, buscando provocativamente atraer su atención.
Además dos de los rostros, los de aspecto más cubista de los cinco, logran el volumen por medio de los planos que descomponen al objeto y que a su vez asemejan a máscaras.
En términos generales se puede apreciar un grado de iconografía bastante inferior al del renacimiento, lo que habla de una representación alejada de la realidad, con un canon estético que transgrede por completo al canon renacentista.
Si tomamos la temática como análisis también podemos decir que la mujer deja la condición idealizada de una virgen madre, con su niño en brazos, o representada en el seno de familia. Ej.: La sagrada familia - de Rafael Sanzio, o como las bellas diosas de la mitología, envuelta en sutiles diseños armoniosas en un idílico entorno.
Sino que a “Las señoritas de Avignon” se las representa en su extremo, en un sentido de sexualidad grosera, en escenas de burdel, en posiciones con alto grado de erotismo, con desnudos provocativos y agresivos donde la deformación de las proporciones anatómicas de los personajes es obvia.
Valga como ejemplo la mujer que aparece abierta de piernas en el lado derecho de la composición; muestra un tema y estética poco común por su dosis de sexualidad explícita.